La e[ad] publica sus últimas Obras de Travesía


Travesía del Pangal, Maullín, Chile, año 2006
Fuente de la imagen ead.pucv.cl Arturo Chicano y Michele Wilkomirsky

Poco a poco la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV va publicando imágenes y fundamentos de sus últimas obras de Travesía. Sólo puedo comentar que me parece estupendo. Mucha de esta producción de obras que ejecuta esta escuela no se reconoce por falta de la difusión adecuada. Y ahora no sólo puedes conocerla, sino que comentarla. Recomiendo revisar el sitio web de la Escuela.

Link: www.ead.pucv.cl

Pequeñas satisfacciones.

Este blog cada cierto tiempo me da pequeñas satisfacciones.
Escribir en él me hace feliz. Me ayuda a ventilar mis ideas. Me desahoga. Y me permite sentirme colaborativo.
Incluso algunas personas creen que lo que escribo tiene algún valor. Y me solicitan colaborar con un artículo en sus respectivos sitios. Ese fue el caso de los post publicados en el blog catalán [bauen_Blog] sobre tres bibliotecas chilenas. Una invitación que fue más que gratificante.
Ahora, nuevamente me han pedido escribir un artículo en otro blog. El blog es www.flylosophy.com un interesante sitio español de tendencias y de vanguardia. El artículo se titula “La Arquitectura como regalo”. Mis agradecimientos a ellos por tan amable invitación.

Les recomiendo visitar www.flylosophy.com y leer todos sus interesantes artículos.

Un palacio sumergido…


Planta obra de travesía, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

La primera obra de Arquitectura en la que participé fue en mi primer año de carrera. En 1990. Y fue una travesía…
Se escogió un lugar especial para llevarla adelante. Un lugar que nos despertara, que nos conmoviera. Pues era a partir del lugar, que la obra sería concebida. Y ese lugar fue la Pampa húmeda en Argentina. A media longitud entre el atlántico y el pacífico.
Jamás imaginé un lugar más radical… más absoluto. La “máxima abstracción de la extensión”, la llamábamos.
Con un entorno que se resumía a un horizonte rectilíneo y la mirada que se perdía absorbida por una profundidad infinita, 70 personas caminaban en una suerte de peregrinar sin rumbo, atravesando un limbo sin tiempos, ni distancias.
Y fue gracias a esa brutal simplicidad (donde la “extensión americana” literalmente “giraba” en torno nuestro desorientándonos), que todos nuestros sentidos, en lugar de anularse por completo, se volvieron particularmente sensibles.
Y comprendimos cual era el “Acto” que debíamos construir con la Arquitectura.
El acto de una “desorientación que diera lugar”.
Así, por primera vez cobró valor el concepto del “aquí”.
Pero ¿cómo trazar y referenciar los límites en medio de la desorientación? ¿Cómo establecer las cordenadas arquitectónicas en el mundo infinito?
Y caminamos sigilosos mirando una noche las estrellas. Única fuente de orientación. Las reconocimos. Las bautizamos. Y las atrapamos en una relación cósmica. En asociaciones estelares.
Luego, las proyectamos hasta nuestros pies… y trazamos un “lugar” con bordes y límites. Con centros y esquinas. Un dibujo escala 1:1 que definió nuestro “aquí”.

Así, lo construimos y lo llamamos “palacio sumergido”.

En donde se pasaba desde la desorientación de la pampa, a la orientación que da el lugar constituido arquitectónicamente. Y de allí a una suerte de nueva desorientación en el interior mismo de la obra.
Y tenía entradas.
Y tenía miradores.
Y tenía pasillos.
Y tenía salones.
Y tenía emplazada al final de su corredor más largo, en lo más profundo de su salón más interior, una “monstruosa escultura”, que acechaba como el Minotauro, al fondo de su laberinto.

Aquí, imágenes del Palacio Sumergido

Nota: Esta obra fue publicada bajo el título: “Alberto Cruz, Cooperativa Amereida, Chile”. Rev. Zodiac, nº 8, Milán, septiembre 1992, pp 188-199.