Reflejos – El autoencargo (I)

A diferencia de muchas otras artes, la disciplina de la Arquitectura es un quehacer que no puede ejercerse en solitario. Construir una obra requiere de un esfuerzo enorme y una cantidad grade de recursos, que por lo general, exceden las capacidades individuales de una persona. Esto siempre ah condicionado a que la producción de obras dependan de fuentes de recursos de terceros. Los llamados “clientes”, quienes no solo poseen el dinero para adquirir los materiales necesarios, sino que poseen el dominio de la “tierra o lugar” donde construir una obra. Esta realidad es tan significativa que se considera que solamente un porcentaje menor de los arquitectos puede ejercer la disciplina directamente construyendo obras de arquitectura. Algo cuya significancia dependerá del número de “encargos” que un arquitecto efectivamente reciba.
Formulas para incrementar los encargos hacia los arquitectos se han ideado en diferentes momentos. Hoy, por ejemplo, me tocó asistir una serie de charlas llamadas Arquitectura por autoencargo, aludiendo a los nombres de los organizadores, dos grupos de estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago, que se han abocado a discutir el tema de la generación de encargos hacia los arquitectos. El Autoencargo se trata básicamente de que los arquitectos no sólo sean capases de diseñar obras a base de encargos de clientes o terceros, sino que puedan crear o impulsar los encargos mismos. Algo que en Chile es contrario a la tradición de la práctica y la docencia. Aquí, los arquitectos son vistos más como “consultores técnicos” que reciben encargos y no tienen formación en como ser gestores o emprendedores (si, son palabras del mundo de los negocios).

Como decía, en diferentes momentos y lugares se ha discutido este tema. El ejemplo más cercano a mí es el de mi propia escuela de Arquitectura, en la Católica de Valparaíso. A pesar de constituir en el pasado un grupo muy innovador y de manejarse con un Instituto para desarrollar y ejecutar proyectos, por diferentes motivos, estos no se concretaban (quedaron terceros en la final de un importante concurso, tuvieron desavenencias con clientes, etc.). Fue así que, como forma de resolver la carencia de encargos directos, los miembros de esta escuela empezaron a gestionar ellos mismos los encargos.
El primer ejemplo fue la reconstrucción de iglesias en el sur del país, después del terremoto de 1960. Donde un grupo de profesores empezó a ofrecer a las diferentes arquidiócesis la posibilidad de desarrollar y construir proyectos para las iglesias que se habían derrumbado con el sismo. De esta propuesta se terminaron construyendo una decena de iglesias.

El segundo ejemplo, que se dio posteriormente en 1970 (y el más importante) fue la fundación de los terrenos de la Ciudad Abierta y la creación de la Cooperativa Amereida. Aquí, impulsado por esta organización comunitaria de diseñadores y arquitectos de la escuela, y bajo la intención de constituir un laboratorio de experimentación arquitectónico, se construyen infinidad de obras que constituyen el legado más importante de este grupo (hospederías, ágoras, plazas y hasta un cementerio).


Video por Irinaivelic.


Video por TheBlackGodmother.

En el mismo espíritu, y por insistencia de la propia escuela, en 1994 se llevaron adelante viajes y construcción de obras en los terrenos del Fundo Huinay, en el sur de Chile, propiedad en ese entonces de la universidad, como forma de aprovechar estos terrenos para nuevos proyectos e investigación.


Embarcación de travesía en el Fundo Huinay. Imagen de la publicación Escuela de Valparaíso.

Finalmente, el cuarto caso relacionado a esta escuela son las Travesías. Que desde 1984 se llevan a cabo anualmente, y que son instancias de viaje de los alumnos y profesores por el continente (a la manera de una gira de estudios) pero que involucran la construcción de una obra final de arquitectura en algún punto del recorrido (cuyos recursos y logística son gestionados por los mismos profesores y alumnos que viajan).


TRAVESÍA “ATHENEA”. Santiago de Chile. 1987

Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.
Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Ejemplos de obras de arquitectura donde existe un encargo pero no “clientes”. Aunque siempre mis profesores insistían en que el encargo es algo que viene de “fuera” de la arquitectura, lo cierto es que se trataba de proyectos autogestionados.
No se trata de hacer alarde de mi escuela, sino de mostrar algunos ejemplos de como ya desde antes de esta década se ha estado tratando el problema de la falta de encargos.

PD: Volvemos con la serie de post de la categoría Reflejos.
Esta es la primera parte de un artículo más extenso. La segunda entrega referirá a lo expuesto en las charlas de Metagénesis y Autoencargo.com