A mis anchas…


Talleres de ejercitación PUCCH. Fuente: arq.puc.cl

Hace unos días me invitaron a participar como evaluador para los exámenes de un seminario de investigación en la “Católica”.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve en comisiones. Cuando, por razones de trabajo, hube de dejar mi empleo por horas como profesor universitario. Así, estaba tan encantado con volver por un rato a vivir en la “academia”, que esa mañana me presenté un cuarto de hora antes de las nueve, en la sala.
Frente a un computador estaba C. quien me saludo amablemente. Es el profesor a cargo y conocido mío de los tiempos del Magíster. Le agradecí la invitación junto con hacerle algunas preguntas de cortesía por su tesis doctoral. Eso, mientras los alumnos y el resto de la comisión pausadamente iban llegando.
Como aún había tiempo, me largó una copia de su tesis recientemente terminada. “Toma, para que veas lo que te espera…” me dijo mientras sonreía. Yo contesté su guiño, aunque en mi caso la posibilidad de un Doctorado aún es un proyecto.
El voluminoso escrito pesaba como un ladrillo. Lo abrí por el medio pero lo denso y uniforme del texto me desorientó, así que fui hacia el comienzo buscando el obligado párrafo de los agradecimientos y dedicatorias. Después de calmar mi vanidad al ver mi nombre entre los reconocimientos, cerré el “libraco”, justo en el momento en que C. comenzaba la sesión explicando el tema del seminario a los alumnos y a nosotros los evaluadores.
Se trataba de la obra de un escultor argentino avecindado en Chile y su relación con la Arquitectura. C. explicó que cada alumno tomó una obra escultórica del artista, en la que se daba esta relación particular con la Arquitectura y la estudió aplicando metodologías de investigación, como consulta bibliográfica, entrevistas a personas vinculadas al artista, estudio del contexto histórico, etc. Escuchamos a C. atentamente aún cuando su explicación es casi un formalismo, ya que hace una semana que los evaluadores han revisado los “papers” de los alumnos, así que todos sabemos de va el asunto. Pero C. aprovecha el momento para recordar a los presentes que se trata de un trabajo de pregrado. Así, como para ablandar un poco el criterio evaluador de la comisión.
Se apaga la luz, para dar más claridad a la proyección del equipo “data” y comienzan las presentaciones de los alumnos. C. toma un termo que un mozo de la cafetería ha traído junto a unas galletas y comienza a servir café. Yo ataco el plato de galletas sin disimulo, amparado en la penumbra y con la suerte de que este ha quedado más cerca mío, que de mi compañero de evaluación. Mientras, el primer estudiante ya se ha sentado al otro lado de la mesa y enchufa su “pendrive” al computador, para que al momento se desplieguen en la pared imágenes en blanco y negro, de planos y planchas metálicas deformadas. Es el frío formalismo “geométrico-abstracto” de nuestro escultor.
La luz del data ilumina por momentos la sala, gracias al reflejo de la mesa de superficie blanca, bañando los rostros de todos los presentes con una claridad espectral. Mi compañero evaluador no se mueve y sus lentes brillan dándole un aspecto más absorto e impenetrable. Al fondo de la sala, un alumno con capucha se ha quedado dormido.
Respiro profundo, me reclino en la silla como quien se relaja frente al televisor y cojo otro puñado de galletas. Los exámenes tomarán toda la mañana, pero aún así, no puedo evitar sentirme a mis anchas.

Reflejos – El autoencargo (I)

A diferencia de muchas otras artes, la disciplina de la Arquitectura es un quehacer que no puede ejercerse en solitario. Construir una obra requiere de un esfuerzo enorme y una cantidad grade de recursos, que por lo general, exceden las capacidades individuales de una persona. Esto siempre ah condicionado a que la producción de obras dependan de fuentes de recursos de terceros. Los llamados “clientes”, quienes no solo poseen el dinero para adquirir los materiales necesarios, sino que poseen el dominio de la “tierra o lugar” donde construir una obra. Esta realidad es tan significativa que se considera que solamente un porcentaje menor de los arquitectos puede ejercer la disciplina directamente construyendo obras de arquitectura. Algo cuya significancia dependerá del número de “encargos” que un arquitecto efectivamente reciba.
Formulas para incrementar los encargos hacia los arquitectos se han ideado en diferentes momentos. Hoy, por ejemplo, me tocó asistir una serie de charlas llamadas Arquitectura por autoencargo, aludiendo a los nombres de los organizadores, dos grupos de estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago, que se han abocado a discutir el tema de la generación de encargos hacia los arquitectos. El Autoencargo se trata básicamente de que los arquitectos no sólo sean capases de diseñar obras a base de encargos de clientes o terceros, sino que puedan crear o impulsar los encargos mismos. Algo que en Chile es contrario a la tradición de la práctica y la docencia. Aquí, los arquitectos son vistos más como “consultores técnicos” que reciben encargos y no tienen formación en como ser gestores o emprendedores (si, son palabras del mundo de los negocios).

Como decía, en diferentes momentos y lugares se ha discutido este tema. El ejemplo más cercano a mí es el de mi propia escuela de Arquitectura, en la Católica de Valparaíso. A pesar de constituir en el pasado un grupo muy innovador y de manejarse con un Instituto para desarrollar y ejecutar proyectos, por diferentes motivos, estos no se concretaban (quedaron terceros en la final de un importante concurso, tuvieron desavenencias con clientes, etc.). Fue así que, como forma de resolver la carencia de encargos directos, los miembros de esta escuela empezaron a gestionar ellos mismos los encargos.
El primer ejemplo fue la reconstrucción de iglesias en el sur del país, después del terremoto de 1960. Donde un grupo de profesores empezó a ofrecer a las diferentes arquidiócesis la posibilidad de desarrollar y construir proyectos para las iglesias que se habían derrumbado con el sismo. De esta propuesta se terminaron construyendo una decena de iglesias.

El segundo ejemplo, que se dio posteriormente en 1970 (y el más importante) fue la fundación de los terrenos de la Ciudad Abierta y la creación de la Cooperativa Amereida. Aquí, impulsado por esta organización comunitaria de diseñadores y arquitectos de la escuela, y bajo la intención de constituir un laboratorio de experimentación arquitectónico, se construyen infinidad de obras que constituyen el legado más importante de este grupo (hospederías, ágoras, plazas y hasta un cementerio).


Video por Irinaivelic.


Video por TheBlackGodmother.

En el mismo espíritu, y por insistencia de la propia escuela, en 1994 se llevaron adelante viajes y construcción de obras en los terrenos del Fundo Huinay, en el sur de Chile, propiedad en ese entonces de la universidad, como forma de aprovechar estos terrenos para nuevos proyectos e investigación.


Embarcación de travesía en el Fundo Huinay. Imagen de la publicación Escuela de Valparaíso.

Finalmente, el cuarto caso relacionado a esta escuela son las Travesías. Que desde 1984 se llevan a cabo anualmente, y que son instancias de viaje de los alumnos y profesores por el continente (a la manera de una gira de estudios) pero que involucran la construcción de una obra final de arquitectura en algún punto del recorrido (cuyos recursos y logística son gestionados por los mismos profesores y alumnos que viajan).


TRAVESÍA “ATHENEA”. Santiago de Chile. 1987

Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.
Palacio sumergido, provincia de Cochicó. Argentina, 1990.

Ejemplos de obras de arquitectura donde existe un encargo pero no “clientes”. Aunque siempre mis profesores insistían en que el encargo es algo que viene de “fuera” de la arquitectura, lo cierto es que se trataba de proyectos autogestionados.
No se trata de hacer alarde de mi escuela, sino de mostrar algunos ejemplos de como ya desde antes de esta década se ha estado tratando el problema de la falta de encargos.

PD: Volvemos con la serie de post de la categoría Reflejos.
Esta es la primera parte de un artículo más extenso. La segunda entrega referirá a lo expuesto en las charlas de Metagénesis y Autoencargo.com

11ª Bienal de Arquitectura de Venecia


Instalación del arquitecto Philippe Rahm. Fuente:nuovavenezia.repubblica.it

Partió la 11ª Bienal de Arquitectura de Venecia, con el título “Out there: Architecture beyond building” (ahí fuera: Arquitectura más allá de la construcción). Y que ha optado por cambiar las representaciones tradicionales de maquetas y planos, por instalaciones, fotografías, videos, etc.
El pabellón chileno en la muestra tiene como curadores a la oficina Pezo von Ellrichshausen Arquitectos y la muestra se titula “I WAS THERE”.

Imágenes de esta importante muestra de Arquitectura ya empiezan a aparecer en la blogosfera. Aquí algunos blogs que ya están registrando el evento con imágenes:
edgargonzalez.com
El tiralíneas
www.dezeen.com
nuovavenezia.repubblica.it
www.designboom.com
archinect.com
www.myarchn.com

Y acá, un reportaje sobre el estilo que ha tomado la muestra de este año:
Pero… ¿dónde están los edificios? Por Milena Fernández, en el El País.com

Actualización 15/09/08:
Vía Plataforma Arquitectura, me entero que los arquitectos chilenos del grupo Elemental, dirigidos por Alejandro Aravena, recibieron el sábado el premio León de Plata de la Bienal de Venecia.

Actualización 18/09/08:
Acá están imágenes de la muestra de Chile:
www.designboom.com

Torre Bicentenario: Delirio obsesivo, sueños megalómanos

A comienzos de la semana recién pasada, escribí un post donde estaba descargándome con todo gustó en contra de los rascacielos y su autoritaria imagen. Cual sería mi sorpresa, cuando navegando por Internet, dí con este artículo de Valentina Olmedo, editora de arq.com.mx quien lo escribió en la misma fecha, y cuyo nombre titula este post: Arquitectura: Torre Bicentenario: Delirio obsesivo, sueños megalómanos.
Se trata de una crítica al famoso arquitecto Rem Koolhaas y su proyecto Torre Bicentenario, un rascacielos de 300 metros de alto que se planea construir en Ciudad de México.

Aquí les dejo una imagen y el primer párrafo del artículo. Y los invito a seguir leyéndolo. Es muy interesante.

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Torre Bicentenario, Ciudad de México. Arquitecto Rem Koolhaas. Fuente de la imagen:arq.com.mx

“Rem Koolhaas es uno de los arquitectos contemporáneos más reconocidos internacionalmente. Ha sido galardonado en muchas países y pertenece al circulo selecto que ha sido premiado con la medalla Pritzker.

Para éste arquitecto holandés las enseñanzas de los antiguos maestros en relación a la planeación urbana han pasado a formar parte del baúl de los recuerdos. Kolhaas, en innumerables ocasiones ha manifestado que el urbanismo no existe, pues el hombre del siglo XXI no vive en aldeas sino en edificios”. (Seguir leyendo el resto del artículo…)

Bajos instintos. (r)

La semana recién pasada estuvo muy referido el que el último premio Pritzket, Jean Nouvel, gano el concurso de diseño para la Tour Signal, un rascacielos que será construido en el parisino barrio financiero de La Defense.

tour signal
Tour Signal. Jean Nouvel. Fuente de la imagen tour-signal-ladefense.com

Los rascacielos son una tipología de edificios que pertenecen al skyline de ciudades de grandes países desarrollados, aunque su concepto primordial esta presente en todo ideario de construcción de ciudad. La altura. La escala vertical es casi la principal y única variable que manejan estas construcciones. Y es algo que apunta a una sola idea… más altura es igual a una dimensión casi extraterrenal. Y esta visto que es símbolo de más poder.

No voy a extender este post mucho. Y es que los rascacielos son un tipo de arquitectura que no me atrae. No me gustan. Aún más los rascacielos de hoy. Solo quiero expresar mi opinión sobre esta corriente contemporánea que tiene obnubilada a la sociedad, los medios y a muchos arquitectos, hoy.

Pienso que son expresiones de una frivolidad e incluso vulgaridad sin parangón. Cuando dije que su principal tema es la altura, no creo equivocarme. Son una arquitectura monotemática. No tienen otra complejidad que el aspirar por medios técnicos a ser cada vez más altos. Y eso se evidencia en que cada vez son más curiosas las formas y fachadas que los arquitectos más celebres intentan aplicarles. Y es que el concepto de rascacielos, que encargan las grandes corporaciones y empresarios a los diseñadores, es demasiado simple. Porque, claro, ellos solo apuntan a proyectar su imagen de poder. Solo buscan la altura. Se trata de un encargo tremendamente simplista, sin hacerse cargo de que históricamente los arquitectos han tratado temas mucho más complejos, a lo largo de otros proyectos urbanos de gran escala.
Mientras que antaño, arquitectos como Le Corbusier y Alison y Peter Smithson realizaban proyectos de gran magnitud, involucrando grandes complejos y nuevos conceptos de ciudad, entrando a resolver problemas sobre circulaciones, espacios privados y de uso publico, pasarelas, avenidas, áreas residenciales y comerciales y todas las articulaciones y complejidades que esos megaproyectos comprendían; hoy la ley rectora de las vedettes del momento es casi una sola: encumbrarse, exhibirse más alto que todos. No son obras que se planteen involucrarse con el entorno urbano y social, como lo planteaba la arquitectura moderna del siglo pasado. No son obras que discutían un nuevo orden para la ciudad. No son obras que profundizan sobre la psicología de las personas, para resolver como se puede vivir mejor en compañía de los demás… No. Ahora son obras más egocéntricas y tiránicas. Tan simplonas que los arquitectos de hoy han comenzado a torcer, mediatizar, esculturizar, tecnologizar, etc, etc. para darles más sustancia conceptual, que la solicitada por un lujoso capitalismo mercantilista. Así, vemos aparecer rascacielos que, además de ser altos, se retuercen y tensionan, giran y bailan, mostrando curvas sinuosas como los contoneos sensuales de un striptease.

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Dancing Towers. Dubai. Arquitecta Zaha Hadid. (Noticia e imagen vía Blog Arquitectura).

Si. Cada día, esa arquitectura se me hacen más vulgar y bruta. Aún a pesar de los lujos, dobleces y tecnología volcadas en embellecerlas. Porque no importa cuanto bailen intentando conquistarme. No me gustan los shows baratos.
No entiendo la aspiración de muchas autoridades por acumularlas en su suelo como trofeos. Dinero y poder. Lujo y soberbia. Es como volver a los instintos más bajos. Y es que, las ciudades que compiten entre ellas por exhibir el edificio más alto, me suenan igual a como si fuera un concurso de fenómenos que se vanaglorian mostrando que tan larga la tienen…


“The Rotating Towers”. Arquitecto David Fisher (video por ecogeeky. Noticia vía lineup blog).