Una reconstrucción sin acuerdos ni confianzas.

A un año ya del terremoto, uno puede hacer un balance con algo de perspectiva. El mio, por supuesto, está basado en la apreciación personal de un ciudadano con el mismo nivel de información que la mayoría.
Para mi, lo más claro es que una reconstrucción (como la que viene después de una guerra, o en este caso, después de un desastre natural), es un tema que suele requerir esfuerzos de unidad nacional. Lamentablemente, eso no es lo que vemos en Chile al día de hoy.
No existe confianza ni acuerdo entre las fuerzas políticas de gobierno y oposición. Ni siquiera en temas tan básicos como el lenguaje, (como se ve en la estéril discusión sobre los subsidios de reconstrucción asignados o entregados).
El tema de la unidad nacional lamentablemente fue demasiado manoseado por la coalición política que entraba como nuevo gobierno, (después de 20 años de Concertación), creando anticuerpos en los partidos de la ahora “oposición”. Así, cuando el terremoto golpeó, el discurso del nuevo gobierno, llamando nuevamente a la “unidad nacional”, carecía de suficiente credibilidad.
Pero además, una unidad nacional requiere de acuerdos y confianzas y eso en Chile no existe. La reconstrucción no es un acuerdo. El acuerdo debería ser el “cómo” lograr la reconstrucción y en ese tema existen opiniones totalmente disidentes entre los diferentes actores.
Y a la vez, hay desconfianza, puesto que el trabajo técnico de la reconstrucción, que está en manos de los equipos de profesionales y especialistas del aparato del estado (gente dedicada y que seguro ha estado intensamente trabajando), tiene ritmos, procesos y condiciones que parecieran ser manipulados por los equipos políticos del gobierno, los que están más temerosos de las encuestas de opinión y los costos o ventajas políticas de tan titánica empresa (véase escándalo JVR). Surge así un doble discurso: uno exagerado y autocomplaciente, con promesas y porcentajes inflados, y otro más realista y acotado, donde el proceso de la reconstrucción, por su magnitud y la capacidad propia de un estado como el chileno, tomará largo tiempo(*).

Es por esto que creo que antes de usar palabras, banalizando sus verdaderos significados, se debe trabajar en el entendimiento mutuo, construyendo confianzas y acuerdos reales, para avanzar no sólo en una reconstrucción, sino en un mejor futuro para todos.

(*) De este doble estándar he visto personalmente ejemplos en los paneles de discusión, en el marco de la pasada bienal de Arquitectura. Allí, los funcionarios de gobierno invitados se la pasaban “precisando” y “aterrizando” los anuncios y mensajes del Presidente.

2 opiniones en “Una reconstrucción sin acuerdos ni confianzas.”

  1. Desastres como los de Chile, Haiti o Nueva Orleans, siempre son oportunidades para volver a hacer las cosas bien.

    Cuando uno descubre, si lo consigue, que ha pasado con esas zonas devastadas, la imagen que obtiene le deja frío.

    Son oportunidades perdidas en burocracias, intereses sesgados y desidias….

    Saludos,

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