Comentario sobre la exposición de Vito Acconci en SCL2110

Para alguien como yo que proviene de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso (Cruz, Iommi, Girola y compañía), escuchar un discurso donde se mezclan la poesía, la experimentación artística y la elucubración arquitectónica, como ocurre en SCL2110, no debiera resultar tan desconcertante. Mal que mal, el sentimiento perturbador en el espectador frente a obras “rupturistas” es algo recurrente en el tiempo y típico de cada vanguardia (como lo fue en mi escuela).
Recuerdo que un testigo de la primera exposición de Arte Concreto realizada en Chile (a comienzo de los cincuenta) me comentaba que en dicho evento hubo público que vociferaba indignada ante las obras: ¡¡¡¿Y ESTO ES ARTE?!!!

Ha sido muy interesante el poder conocer un poco de la obra de Vito Acconci, poeta y artista norteamericano que ha sido invitado a exponer un proyecto arquitectónico para la “Plaza Italia” dentro del evento SCL2110.
Y debo reconocer que me sentí perturbado ante parte de su trabajo, no importando mi formación, o el que se tratase de trabajos de varias décadas atrás. Ahora bien, no soy un entendido en su obra, por lo que mi comentario será impreciso, personal y que sólo se basa en la charla magistral que nos dio, atendida a través de mi aún pobre inglés (es decir, no me tomen muy en serio).

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Vito Acconci (sentado al centro) junto a panelistas y organizadores. MAC, 15 de octubre del 2010.

Acconci antecedió su intervención en este evento con la PALABRA (un poema escrito) y una VOZ sin cuerpo (grabación en el montaje en el MAC). Lo entiendo como “lo abstracto”, “la intención”… “lo que mueve”… Es decir, “la poiesis”. De ahí, este artista comienza un periplo a través de los años, que lo llevan por exploraciones en el arte del Performance (sobre si mismo y sobre otros), continúa con instalaciones en galerías, luego el Diseño y finalmente la Arquitectura. ¿Una evolución artística? Creo que no.

Todas estas manifestaciones mostradas son casi como una confesión. Declaran que su objetivo parece ser un único objeto: el cuerpo mismo. La poiesis de Acconci lo aterriza en el cuerpo y éste comienza una exploración ininterrumpida.
Las primeras imágenes nos lo muestran tocándose y descubriéndose a si mismo, desnudo a la luz de una vela, donde la idea de este explorar no es un voyeurismo (las fotos son desvirtuadas y difusas), sino que implica una manipulación hasta la transmutación (se desnuda pero en poses que simulan el cuerpo femenino).
Agotado ese ámbito de exploración (el más inmediato), sigue insatisfecho y expande el campo de acción: ahora es explorar a otros. Los sigue por la calle, los vigila, los “toca” con la mirada en espacios públicos. Luego los atrae al espacio de la galería y allí los atrapa para sumergirlos en sus instalaciones: los espía por debajo de la tarima, los oye y los siente… (hasta literalmente estallar en orgasmo).
Pero no es suficiente y el artista busca medios para seguir explorando, seguir tocando. Más y más extenso se vuelve el espacio de su accionar. Muebles enrevesados, que se enroscan y retuercen enormes como bucles recursivos; de superficies lisas y continuas que acogen y se adaptan a muchos cuerpos a la vez (acostados, sentados, en infinitas posiciones). Y él ni siquiera necesita estar presente, sigue tocando (explorando) a través de los muebles y los espacios que diseña, tanto para salas, interiores o espacios exteriores.
Y así llegamos a la Arquitectura. Una manera de alcanzar una máxima extensión en su accionar: parques, plazas, hectáreas completas. En sus proyectos, los muros que ha diseñado los vemos envolviéndose unos sobre otros como una red, empaquetando el espacio y a las personas. Las atrapa, las contiene.

Concretamente, en el proyecto que ha pensado para un diseño de la Plaza Italia en Santiago, Acconci crea un interior entretejido. Un espacio laberíntico-envarillado como un nido que nos acoge (¿atrapa?) y a la vez es punzante y nos pica. Es un gesto que va directo al cuerpo, creando de paso un interior denso y erizado que nos separa del exterior; pero que se vuelve sobre el interior, acosándonos con sus puntas. Cuando diseña, Acconci pareciera que sigue con ese deseo de tocar a los demás a través de su Arquitectura.

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Vista del proyecto de Vito Acconci para Plaza Italia en Santiago de Chile.

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Montaje diorama con el proyecto de Vito Acconci.

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Vista de un interior punzante. Proyecto de Vito Acconci para Plaza Italia en Santiago de Chile.

Pensar la carrera de Acconci como una “evolución” entre diferentes artes, es demasiado simplista. Creo que para este artista las diferentes disciplinas que ha trabajado son sólo un medio, un instrumento para llegar a un fin. Las instalaciones, las galerías, los espacios son artefactos secundarios, vehículos para alcanzar otra intención. “Su perversión” (mucho del trabajo de Vito Acconci sería calificado de pervertido por más de alguno) se entendería como un irrefrenable empuje a echar mano de cualquier recurso con tal de satisfacer el deseo (aquella poiesis primera). Por eso, no importa que muchas de sus obras arquitectónicas sacrifiquen funcionalidad o sean desconcertantes, ya que su poiesis no está en ser una arquitectura que de por si trata de ser construida. Lo que prima es la intención, no el resultado. El objetivo poético está por sobre todo, impulsando a este artista a una interminable travesía de exploración de lo humano: tocar con todos las artes y sentidos, hasta palpar lo intangible.