20 años no es nada…

El triunfo del candidato de la Derecha chilena Sebastián Piñera en las últimas elecciones es sindicado como el fin de una era: los 20 años de gobiernos concertacionistas concluyen. Y la verdad es que puede ser así o puede ser otra historia la que se escriba el 2014. En fin, aunque como dice aquel tango, en realidad “veinte años no es nada”…

Muchas opiniones y críticas están ventilándose sobre los resultados. Pero creo que el resultado que se ha dado en esta elección es algo que no puede verse sólo bajo el contexto de este tiempo inmediato. Se está equivocado al hablar sólo de una Concertación desgastada, falta de proyectos políticos, etc. Saltarse el contexto post dictadura en el que Chile y nuestra democracia se ha debido desenvolver, es ser muy superficial en cualquier análisis. Pienso en que existen consecuencias en muchos detalles que desde los años 90 han lastrado y desequilibrado la democracia chilena que aún persisten y que tarde o temprano debían terminar por desequilibrar la balanza.
Pero la intención mía no es recordarlas para liberar un resentimiento. Sino porque este ejercicio ayuda a identificar aquellos matices que nos diferencian. Los puntos que resumo a continuación son los temas que no revisten ninguna relevancia en la visión política del próximo gobierno del candidato de la Alianza, pero que para muchos de nosotros en cambio, se mantienen como un problema de desvirtua y frena el desarrollo y perfeccionamiento de nuestra democracia.

Si tuviera que resumir los problemas a los que me refiero (y se enfrenta nuestra institucionalidad democrática) podría mencionar estos tres temas:

1.- Enclaves autoritarios: Durante varios años luego de vuelta la democracia, Chile enfrentó lo que se dio en llamar “enclaves autoritarios” y “leyes de amarre” y que correspondían a instituciones creadas por la dictadura que limitaban y controlaban el poder de los gobiernos de la concertación, así como entorpecieron el proceso de la “transición” (concejo de seguridad nacional, inamovilidad de los comandantes en jefe de las fuerzas armadas, cuorums para modificar la constitución inalcanzables, sistema electoral binominal, senadores designados, senadores vitalicios, etc, etc). A lo largo de mucho tiempo, los sucesivos gobiernos concertacionistas debieron dedicar mucho esfuerzo en ir desarmando dicho tinglado, lo que aún no se ha logrado en su totalidad.

2.- Duopolio de los medios de comunicación: a medida que pasaron los primeros años de gobiernos de la concertación, los medios de comunicación fueron concentrándose en dos conglomerados de tendencia de Derecha: El Mercurio y La Tercera. Estos medios son propietarios de casi todo el resto de la prensa escrita y medios regionales. Los medios favorables a la concertación desaparecieron y solo se mantienen pequeños medios independientes que no son ningún contrapeso al poder de los conglomerados. Ríos de tinta se han escrito sobre este particular, como para profundizar en los efectos negativos de esto en nuestra opinión pública.

3.- Apatía ciudadana: Desde los tiempos de la Dictadura a las nuevas generaciones y a la opinión pública se le inculcó el desprecio por la clase política y sindical y por la política en general (se la acusaba de ser la responsable de la crisis del 73). Eso se ha mantenido hasta hoy, en el discurso de muchos y sobre todo de la Derecha que básicamente dice que los verdaderos “problemas de la gente” son aquellos que les afectan en forma inmediata: empleo, delincuencia. Siempre se ha hecho campaña de desprestigio contra los temas de política institucional o estructurales, así como los temas de reivindicación sindicales (el sindicalismo esta bastante debilitado en Chile). Baste decir que muchos personeros, en sus críticas utilizan el término “se politizó” lo que es casi sinónimo de “corromperse”.
Todo esto ha redundado en una población apática y despreocupada que no se inscribe en los registros electorales y no se preocupa mayormente de la cosa pública o de las luchas por sus derechos políticos.

Lo que quiero decir claramente y de una vez, es que estos problemas que he resumido son a mi modo de ver las peores taras que nuestra Democracia ha heredado. Desvirtúan, desequilibran y han corrompido nuestra institucionalidad republicana a lo largo de estos 20 años. Parte se ha corregido, pero otra subsiste.
Pero por supuesto que no todos opinan igual. Una parte (hoy mayoritaria) de la ciudadanía las ha desestimado en favor de la urgencia de otros problemas. Será interesante saber cuales son estos “verdaderos problemas”.

Como dije, no es mi intención resentir del resultado. La Democracia de nuestro país ha hablado. La opción escogida es justa y ha sido validada desde el interior mismo de este sistema democrático, institución que tratamos de mejorar y que cuya verdadera definición es ser el “gobierno de pueblo” (y no la “alternancia” como la gustan de redefinir a su conveniencia algunas mentes zopencas).