Ofreciendo, ofertando y compartiendo el conocimiento.

Una reflexión que me surgió al leer este post de [Ecosistema urbano].

Cuando hablamos de la “producción” de una oficina profesional de arquitectura, lo entendemos principalmente como su “negocio”. Describiéndolo muy simplemente: para el caso de una oficina dedicada a desarrollar proyectos habitacionales, se trata de los planos, detalles y cálculos para construir un tipo de edificio concreto para uso público o privado. El “negocio” generalmente abarca lo que es el diseño, la tramitación de permisos y la supervisión de la construcción. Al final de este proceso el negocio termina, la oficina deja de producir y el material generado pasa a ser archivado.

Leyendo el post de [EU] me llamaba la atención el cuidado que se tomaban en crear una sección para descarga de la producción de dicha oficina, en su Web. Quiero decir, en la mayoría de las Web de oficinas de arquitectura se pueden “ver” algunas imágenes de obras y proyectos, pero no se puede descargar mucho material, ni usar, por supuesto. Disponer del material para descarga (y por consiguiente para su uso en algún grado) nos plantea una interesante reflexión sobre una nueva dimensión en lo que es la “producción” de una oficina profesional. Quiero decir, si por un lado tenemos que producimos planos y detalles para construir obras concretas para el uso público o privado, ahora tenemos que ademas podemos disponer de material para una nueva obra, para una nueva construcción: la construcción del CONOCIMIENTO. Este nuevo campo (que era patrimonio de lo académico, pero que ahora podemos abordarlo desde lo privado) exigirá seguramente, nuevos contenidos, nuevos formatos, y por supuesto licencias claras para su correcto uso, según lo dispongamos.

Un ejemplo de lo que hablo, podría ser la idea que los creadores de la Wall House han tenido sobre la forma de vender su producto. La oficina FROHN&ROJAS que diseño dicha obra, una vez construido su proyecto (el cual ha ganado muchos premios y reconocimiento internacional), decidieron ofrecer un nuevo producto basado en los planos de la casa. Según tengo entendido, armaron diferentes configuraciones gráficas con la planimetría y la información que habían reunido. A este material les dieron un formato, asignaron licencias de uso, y ofrecieron servicios anexos, creando una serie de “kits” de planos, que venden a diferentes precios.
No sé del éxito que dicha idea pueda haber tenido, pero es un ejemplo del nivel de aprovechamiento, que dicha oficina hace del conocimiento que la experiencia de construir esa obra les aportó.
Ahora, no necesariamente el conocimiento puede ser entendido como un producto a la venta. Dependiendo del objetivo que una oficina o grupo tenga, existen diferentes formas de aprovechar o compartir el conocimiento en forma beneficiosa para todos. Tal vez, una oficina que está interesada en promover técnicas sustentables o ecológicas para la construcción, no tenga problema en compartir detalles técnicos de sus obras gratuitamente con el público, para familiarizarlo o convencerlo de la viabilidad de dicha técnica. O en el caso de una oficina que tiene particular interés en publicitar uno de sus diseños, además de publicarlo en su Web, resulte interesante permitir la descarga de fotografías de calidad o archivos 3D para que los estudiantes y público en general puedan visualizar y estudiar el proyecto desde la perspectiva de maquetas renderizadas.

Pueden haber muchas nuevas formas de aprovechar el conocimiento que se acumula en la producción profesional que generan los arquitectos. Gracias a las nuevas tecnologías, es muy fácil el distribuir la información. Sólo resta que los usuarios encuentren un sentido de provecho en el compartir.