armycool7.jpg
Fuente de la imagen:Dark Roasted Blend.com

Los recuerdos que tengo de la FIDAE son de los tiempos de la Dictadura. No he vuelto a asistir en muchos años y me pregunto qué estilo maneja ahora. Estilo en el sentido de lo que muestra esta llamada “Feria Internacional del Aire y del Espacio”, que se monta cada dos años en nuestro país.
Y es que en la última ocasión que asistí, la FIDAE hizo gala de ser una gigantesca feria armamentista. Por un lado, afuera estaban alineados no solo impresionantes aviones de combate, con sus bombas y munición cuidadosamente ordenadas para exhibición; sino que también, toda clase de carros blindados tipo transporte, defensa antiaérea, tanques livianos, etc.
Y por otro lado, en el interior de los hangares y pabellones, podías observar stands con logos de diferentes empresas de armamento, mostrando toneladas de pertrechos al público.
Si, era tan impresionante que las imágenes se me grabaron en la memoria, aún a pesar de ser tan niño. Aún no olvido todas esas metralletas (de mano y de trípode) y pistolas de diverso calibre, colocadas sobre mesas o colgadas en paneles. O las balas… las alineaban como soldaditos de plomo marchando entre las armas. También se exhibía mucho equipo auxiliar como palas, cascos, cantimploras, etc. Uniformes completos en maniquíes. Y todo del mismo color verde.
La exhibición era con total desparpajo. Las granadas estaban sobre las vitrinas, al alcance de mi mano, como si fueran floreros. Algunas parecían simples latas. Muy pequeñas y con etiquetas que tenían escrito palabras como “retardo” o “fragmentación”. Pero más allá, la cosa llegaba a ser obscena. Minas antipersonales de todas las formas y tamaños. Las de disco, cajas negras…, algunas levemente curvadas. Con metralla, o sin metralla. Y para que quedara bien claro, habían cartelitos con dibujos de flechas y círculos, graficando su mortal eficacia entre los soldados de una tropa enemiga.

Pero el stand más llamativo era sin duda el que la compañía Cardoen, con su impresionante producto estrella, la “Bomba Racimo”. Una enorme bomba blanca rellena de cientos de pequeñas bombas plateadas. Para que se tuviera una real perspectiva del mortal contenido, todas las pequeñas bombas habían sido colgadas del cielo del stand, formando una densa cortina, pesada y gigante.
El toque final lo daba una gigantografía de un valle de la zona central, el cual “florecía” con cientos de pequeñas explosiones, producto de estas mini bombas, y que parecía cubrir varias hectáreas.

Nunca volví. Y es que el sabor que me dejó esa última FIDAE de años atrás, fue una extraña mezcla entre belleza y brutalidad. La belleza de las curvas de los fuselajes de los aviones, que hipnotizan con la línea de sus perfiles. Y la brutalidad de la cuadrada pesadez de los blindajes, del plomo de la punta de las balas, del aceite de los cañones…
…y de esos fríos carteles, que con círculos rojos y azules separaban a los vivos de los muertos.

Artículos relacionados:

Etiquetas: , ,

This post has no comment.

  • Próximos Post

  • www.flickr.com