Cómo algunos “ven” la Arquitectura…

A veces creemos que todos son como nosotros, y olvidamos que tan distintos podemos ser…

Recuerdo un día… cuando estaba sentado en la vereda, de una calle, en un pueblo sumergido en la sierra de Bolivia…

Había llegado en las primeras horas de la mañana, en un bus, junto a mis compañeros, que viajábamos en travesía. El pueblo era pequeño y rodeaba una plaza, en la cual se ordenaban algunas casas de baja altura, con corredores de aleros prolongados. Destacando entre todas las construcciones, había una pequeña y muy antigua Misión jesuita, construida íntegramente en piedra, y que era como la atracción turística de la villa.

Yo me concentraba en dibujar, en mi bitácora, cuidadosamente el perfil y textura de la torre del campanario. Recuerdo que su figura, se erigía independiente a un costado de la iglesia. Y sus bloques de piedra, recuerdo, eran muy oscuros.

En mi dibujo, intentaba captar cierta ubicuidad del cuerpo de la torre. La recuerdo como si fuera un pequeño faro, que marcaba presencia en la esquina de la calle. Su baja altura y tosca figura lo hacía particularmente proporcionado y próximo. No era imponente y lejano. Al contrario, era como si fuera una especie de objeto-mueble urbano. Lo particular de su tamaño y forma me descolocaba y descolocaba mi dibujo, el cual no se proporcionaba de manera similar al modelo. Cuando esto me pasa, suelo molestarme, ya que gusto de dibujar rápido y con energía. Creo que la pequeña y rudimentaria construcción, no coincidía con los cánones de tamaño que había asimilado, al dibujar otras iglesias y catedrales.

Tan concentrado estaba en estudiar las líneas de mi dibujo, que no me percaté como, repentinamente, una larga fila de niños muy pequeños, apareció caminando lentamente por la vereda del frente, tomados todos de la mano. Encabezados por dos maestras, los pequeños, que serían sólo algo mayores de los de un curso de “Kinder”, cruzaron por el frente de la entrada de la Iglesia, en dirección al solitario campanario. Al verlos, algo me llamó la atención. Estaban muy callados y con las cabezas un poco bajas. Entonces, al mirar sus rostros, vi que todos eran ciegos.

Al llegar a la esquina, frente a donde yo estaba, rodearon como una ronda de pequeñas cotonas blancas, la base de la pequeña torre. Yo me quedé en atención y vi que a una señal se soltaron, y con sus manitos comenzaron a palpar y acariciar la negra piedra…

Sus dedos rozaban los recovecos y junturas de los muros del campanario, sin despegarse. Vi como acercaban sus rostros y ponían una expresión como si buscaran una “sintonía” con la piedra. Sin moverse, en conjunto, acariciaron toda la base de la construcción, hasta que a otra señal de la maestra, dejaron de tocar y comenzaron a caminar hacia la entrada de la iglesia, por cuya gruesa puerta ingresaron.

Los seguí, y vi que se habían dispersado por todo el interior de la capilla, tocando muros, nichos y molduras de muebles y bancas. Estuvieron así por mucho rato, deambulando y explorando en la penumbra como ratoncitos; muy pegados a todas las cosas que se topaban. Al final, se ordenaron a la salida de la iglesia, y guiados por sus maestras, se marcharon.

Desde entonces ha pasado su tiempo. Yo terminé perdiendo el registro de esa travesía, y mi descalce perceptivo hizo que mi memoria deslavara las pocas imágenes que retenía de esa antigua iglesia. Pero nunca olvidé a aquel grupo de niños no videntes y su forma particular de leer el espacio. Ahora que lo pienso, esas ruinas jesuitas, cuya escala no calzaba con mis parámetros, parecía ser del tamaño exacto para ser leída por las manos de esos niños. No me los imagino a ellos, tratando de palpar los muros lisos y enormes de las típicas catedrales, buscando captar la dimensión de esos enormes edificios. A lo mejor, pienso que entre mas grande es la iglesia, mas difícil de percibir sería a los sentidos de esos niños ciegos. En cambio, esa misión jesuita, con sus tamaños, texturas y recovecos, fue de una escala tan próxima a sus pequeños cuerpos, que estoy seguro, debió dejarles una percepción y un recuerdo más marcado, completo y real, que la desescalada y frágil imagen, que yo he podido conservar.

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3 Comentarios.

  1. sensible… me gusta tu narrativa me ha transportado al lugar, he podido incluso sentir la oscuridad y el frio del lugar q narras asi como la imagen de los niños… en vdd. Felicidades escribes muy bien!

  2. Gracias Arian. espero que disfrutes tu visita.

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