El Cobre y la Arquitectura III

STAND EXPO-COBRE 2005.
LA ABSTRACCIÓN DE LA ENVOLVENTE

La primera obra que revisaremos corresponde al stand de la Expo Cobre, levantado en el Centro Cultural Estación Mapocho, en el mes de septiembre del 2005.

Escogemos este ejemplo por tratarse de un trabajo de utilización del material del cobre que va más allá de la simple estética. Ya que es el material mismo (y solo) que constituye los límites únicos del espacio. No se trata así, de un revestimiento. Es la envolvente misma del vacío.

El stand se conformó como un paralelepípedo horizontal muy simple, con un acceso por una de sus caras y una salida por la otra (aunque no tengo las dimensiones exactas, estas serían las de un volumen de aproximadamente 6m de alto, por 8m de ancho y 15m de largo). Su estructura de pilares y vigas reticuladas blancas no cumplía casi ninguna función, salvo la de estructurar las aristas, desapareciendo en favor de material mismo de la envolvente.

Esta envolvente estaba compuesta de placas de cobre de aproximadamente 1m x 1m, las que se unían entre si con amarras de alambre, formando una suerte de tejido o cortina que caía desde el cielo, que constituían los respectivos muros o caras del stand. La simple ausencia de tres “cadenas de placas” en las caras opuestas más distantes, crea los respectivos accesos y la circulación condicionada. Una suerte de carpa metálica, podría decirse. Donde sus muros o telones deben su forma a la gravedad y a la respetiva tensión , por cuanto no a una rigidez de una estructura sostenedora.

Una estructura (la de estas caras de placas de cobre) que se debe a si misma. A su encadenamiento solidario, flexible pero a la vez tenso, sostenido por el área de cada placa (de muy pocos milímetros). Una tensión superficial que equilibra y sostiene cada plano.
Se trata así, de una malla metálica, cosida literalmente. Y que logra también una simultaneidad en lo opaco y traslúcido de su superficie. Por cuanto los intersticios son visibles, pero el color del cobre es lo suficientemente denso como para atrapar en la corta distancia la mirada. Esto se ve claramente desde su interior. Donde los respectivos muros, se vuelven una trama ortogonal de luz, que penetra desde el exterior. Una suerte de cortina o celosía que crea una penumbra, (pero que en su plano contiguo se invierte y se vuelve reflejante de la luz) es como mejor se interpreta. Pero desde fuera, gana la presencia metálica del rojo cobrizo. Haciendo al volumen más hermético y denso de lo que es.
Esta penumbra interior permite que sean los diferentes elementos expuestos, los que actúan como soportes del espacio. No hay pilares, por ende las respectivas vitrinas (monolitos de acero) conforman el eje y perímetros interiores. Además, de organizar las respectivas distribuciones de los objetos expuestos (y de los respectivos recorridos).

Así, esta “cortina de cobre”, que es tanto muro como celosía, (es tanto material opaco, como luz tamizada) es la representación más abstracta de una envolvente arquitectónica. Pues se trata de planos casi sin espesores, semi permeables, y sin soporte estructural, (salvo la enmarcación de sus aristas), sostenidos solo por su propia “tensión superficial”. Pero claramente definitorios del espacio interior que contienen y del volumen que desde el exterior conforman.
Pero aun más, se trata de una envolvente que tiene la capacidad de interactuar con la luz, ordenándola y tamizándola por un lado y luego reflejándola por el otro. Es decir es conducente de la luz como un caudal de materia manipulable. La guía, la lleva y la vuelva en su interior, (levemente teñida de su color cobrizo). Esta capacidad casi definiría a estos planos como una “envolvente fuselaje de la luz” (1). Pero esto no se cumple, por cuanto su forma no se condiciona al manejo de esta luz. La respectiva “tensión superficial”, que sostiene a los planos, es independiente del medio.

Nota (1): El término “fuselaje” es entendido acá como “superficies cuyas formas se adaptan y trabajan con las energías del medio como la luz, el viento o el sonido”. Y corresponde a una reinterpretación del concepto de “cuerpos fuselados”, acuñado en investigaciones como la “Tesis del Arquitecto Orfebre” y “La Hospedería del Errante”, del Arquitecto-académico e investigador Manuel Casanueva Carrasco.

Link relacionado: Seleción de imágenes del Stand Expo-Cobre, 2005.