Recuerdos de esos años…

Las únicas palabras que puedo dedicar a la memoria de Juan Pablo II, rememoran ese día en que lo vi montado en el papamovil avanzando por Américo Vespucio hacia el centro. Su cuerpo resplandeciente de blanco. Su rostro rosado… Yo saltaba para divisarlo mejor. Y la gente sonreía.
Aún recuerdo todas esas imágenes.
Y recuerdo el país en esos días. Él y su peregrinar por entre calles, ciudades y regiones. Y por entre esas gentes… arrogantes algunas, y desesperadas otras. Fue a través de sus ojos donde el caos, el reclamo y la violencia de esos años, se hizo nuevamente patente en nuestra sociedad. Lo que algunos trataban de negar u ocultar, se mostró y fue evidencia pública. Su presencia sirvió para abrir la censura sobre historias calladas y reprimidas. Haciéndola una verdad conocida por todo el mundo.

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