Archivos Mensuales: Marzo 2005 - Paginas 2

Después de 15 años.

Hoy, después de 15 años, el pasado, el presente y el futuro se encontraron.

Nerviosamente, aparecían uno a uno los protagonistas de una historia inconclusa. Rostros actuales, sonrisas sinceras y abrazos cálidos se mezclaron con recuerdos a veces olvidados y ecos que aún quedamente resuenan en mi memoria, de peripecias escolares, de aventuras heroicas y jugarretas infantiles.

Roberto, Octavio, Julio, César, Juan Pablo, Nabor, Esteban, Patricio, Agustín, Hjalmar, Eduardo, David, Lisandro, José y Rafael, son quienes emergieron de ese pasado para encontrarse y cruzar miradas en el presente.

No creo en los discursos sensibleros. Ni en las promesas de amistad eterna.
No somos una familia. No nos debemos nada. Y no nos sacrificaremos por los otros.

Pero algo hizo que fuera necesario el reencontrarnos. Como si debiéramos rendir un tributo al tiempo cómplice del ayer.

Y creo que eso es. El haber vivido, para bien o para mal, algo común.

No hay por que buscar algo más complejo que eso. Cada uno mira con tal cuidado su pasado, que siente que su historia rebota y se mezcla como olas, en los mundos personales de los que lo rodeaban en esos años íntimos. Uno los mira, y sabe que son testigos. Pueden dar fe de que eso sucedió. De que ese tiempo existió.

Si se me permite ser infidente. Diré que para algunos pareció ser un momento de complicidad sencilla y alegre. Donde esto de recordar los momentos compartidos, los juegos, las victorias, los secretos de curso, aparecía constantemente en la conversación, con placentera nostalgia. Pero también ocurrió, que más de alguno sitió que algo por fin concluía. Que la deuda con esa historia era saldada. Dejando que aquel peso largamente llevado, fluyera y se disolviera entre nosotros, (los únicos testigos… Los únicos que podíamos entender…) con un gesto de acogida y comprensión. Y así, creo que el futuro se hizo presente, en ese acto liberador de dejar con los recuerdos del pasado, el lastre que amenazaba con acompañarnos hasta el fin de nuestros días. Se abría un camino nuevo. Más seguro, más sereno.

¿Es mera cursilería esto que escribo, hablando del tiempo, de lo cómplice y del pasado? Tal vez. Pero no es menos real. Sino ¿cómo explicar, por ejemplo, el que se hablaran muchas cosas y se hicieran muchas bromas. Pero principalmente, se recordara a los otros. A los ausentes?.

Simplemente no pudimos olvidarlos, ni dejar de hablar de ellos en ningún momento.
Estuvieron, en ese sentido, más presentes que nadie.

Así es que deseo terminar estas palabras, no solo recordando todos esos momentos… del pasado, el presente, y un futuro con la promesa de volver a juntarnos. Sino también, en ese acto fiel del recuerdo de los compañeros aún desaparecidos.
Para ellos dedico estas líneas. Para que puedan ser guiados al reencuentro y la camaradería.

Y lo dedico también, para aquel hermano que no volverá, pero que siempre estará y nunca su recuerdo nos dejará.

Estaciones de Metro (1)

Bueno. Han pasado algunos días después de avisar de mi retiro a la Escuela de Arquitectura. Pero no necesariamente me lo he pasado llorando :-) Siempre puede rescatarse alguna reflexión con valor arquitectónico de las distintas miradas de la ciudad. Eso es lo que trato en el apartado “Pieza Pública”. Donde cada paso que doy en la obra del Centro de Justicia, me llama a plantearme las fortalezas y debilidades de esta obra. No como forma de ejercer una cínica crítica, sino de mantener vivo un espíritu reflexivo.

ESTACIÓN QUINTA NORMAL.
Es por esto que voy a comentar en los siguientes “post” el caso de las estaciones del metro, en Santiago. ¿Un asunto un tanto sin relevancia? Pues no tanto. Dejó de ser irrelevante para mi en cuanto se comenzó a construir una muy cerca de mi casa.
Pero vamos por partes. Primero presentaré el caso de un ejemplo interesante. Me gustó cuando vi la estación del metro Quinta Normal. Esta imagen muestra una de las características más reconocidas de su configuración. Su relación con el entorno. Aquí aparece haciendo de “acceso” a la conocida Quinta de Santiago. Flanqueando cada lado de la entrada, actúa más como pórtico que como estación de metro. Son a la vez marca o ito que se anuncia como la entrada a la red de transporte suburbano, y sirven como parte de un reconocido parque urbano. Un doble servicio. Un juego de integración para con el entorno, aunque su blanco contrasta con el verdor del parque. Y en la noche, su luz ilumine la vereda convirtiendola en un paseo.
Esta obra pertenece a los arquitectos Victor Gubbins, Enrique Burmeister y Cristián Barahona.

Sin embargo, antes de continuar es necesario hacer una aclaración, o propiamente una acotación del tema. Y es que en este ejemplo, solo hemos hablado, en rigor, del acceso. No de la espacialidad de la estación en si (sus niveles y andenes). En efecto, no vamos a comentar todo lo que conlleva la estación misma. Respetaremos el espíritu pragmático de estas obras de ingeniería, y solo haremos referencia a aquello que guarda relación con el entorno público (pero ojo, pues existen estaciones de superficie, en donde todo el cuerpo de la construcción participa de un diálogo con la calle y la ciudad)(continuará).

Conoce los postgrados y postítulos en Arte y Arquitectura.

“Universidades de todo Chile imparten más de 15 programas de prosecución de estudios en esas áreas. Magísteres en Museografía, Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, como también doctorados en Arquitectura y Estudios Urbanos son algunos de ellos”.

(Extracto de un artículo en el Portal Universia .Cl del 13/03/2005 link).

Diarios personales se convierten en nuevo fenómeno en internet.

“Completas bitácoras de vida son publicadas a diario por miles de usuarios en Chile y el resto del mundo”.

(Extracto de un artículo publicado por La Tercera On line, el Domingo 13 de marzo de 2005. Link)

Siento una pena

Hoy siento una pena.

Se ha interrumpido una relación fructífera que se había mantenido constante durante 15 años entre el mundo académico de la Universidad y yo.

Todo comenzó en 1990 cuando entré a estudiar a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso. Y se mantuvo en 1997 durante la realización de un Magíster en la Católica de Santiago. Es más, continuó hasta el 2004 con la realización de investigación primero, y luego la docencia, como Profesor Instructor de la Escuela de la UC, en el curso de Introducción a la Arquitectura, de Alejandro Crispiani.
Un tiempo, como dije, constante, fructífero, bello y motivador. Era todo aquello que conmocionaba mi espíritu.
Y sin embargo, hoy se ha interrumpido, dejándome en un estado de desorientación.

Siempre había mantenido una doble actividad. Desarrollaba el trabajo profesional a la par que participaba del mundo académico. Nunca había tenido ningún problema. Y jamás me habían hecho alguna crítica u objeción. Siempre había cumplido a satisfacción en ambos campos.

Pero hoy se ha interrumpido.

Ya he contado que en enero comencé a trabajar en la obra del Centro de Justicia de Santiago. Mi cargo es de asistente del Supervisor de Arquitectura, en la Asesoría a la Inspección Fiscal del Ministerio de Obras Públicas. Cuando fui contratado, mis empleadores (consorcio ARA INGENDESA) me comentaron que no tenían ningún problema en que yo mantuviera mi cargo de Instructor en la Escuela de Arquitectura, mientras repusiera el tiempo que ocupará en ello (2 horas a la semana).
El Ingeniero Residente, máxima autoridad coordinadora de la asesoría perteneciente al consorcio, me dijo que no tenía ningún problema con mis actividades académicas. De hecho, ya existían dos casos anteriores de empleados que llevaban actividades docentes paralelas a las profesionales.
En la Universidad contaban conmigo. Me habían ratificado en el cargo, luego del tradicional concurso anual de postulación al cargo.
Yo, me encontraba como siempre, dispuesto.

Y sin embargo, era necesario la aprobación de la Inspección Fiscal, representante del ministerio, en la supervisión de las obras del nuevo edificio de justicia.

Y fue aquí que… se produjo una “tenaz oposición” a la posibilidad de que yo continuara con mi actividad académica en la Universidad, paralelamente a mi contrato como asistente en la obra.

Esta falta de comprensión, de una persona casi desconocida para mi, y con quien no tengo contacto, me dejó desolado. Bajo el extraño argumento de que “puesto que ya habían dos casos docentes, no podía darse un tercero”. Su palabra terminante me dejó en una encrucijada, en la que tuve que optar por la necesidad, más que por satisfacción.
La posibilidad de presentar personalmente mi caso, no pareció viable. La fama que le precedía, además de un sentimiento mío de constante inestabilidad e inquietud en este trabajo, ahuyentaron cualquier idea de apelar a una reconsideración.

Es por esto, que siento una pena.